Pongo en tus manos el pan
y el vino sobre la mesa,
alegrías y tristezas
en dos se compartirán.
Dos como el agua y la sal,
dos como el fuego y el viento,
y al decirte lo que siento
una lágrima resbala
como se escapa una bala
de fusil del sentimiento.

El hombre es un pasajero
que anda buscando encontrarse,
mirándose en los espejos
que podrían reflejarle
una imagen de guerrero,
de intelectual o bandido,
de alguien que anda escondido
y que no muestra la cara.
Qué actitud tan inhumana
la del humano consigo.

Las cartas sobre la mesa
para empezar a opinar
sobre el destino final
del hombre sobre la tierra.
Yo pienso que será en guerra,
la experiencia lo demuestra,
como botón una muestra
lo que pasa en el Oriente,
se matan entre parientes,
parecen fieras hambrientas.

Sucede que ni el amor,
que es sentimiento sagrado,
al hombre le causa agrado
y en su afán por destruir
llegará el día al fin
que entre gritos y dolores
se acaben niños y flores,
mariposas y esperanzas
y él mismo entierre su lanza
en este jardín de horrores.

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