En medio de la penumbra
una luz se divisó,
cambiaron al cancerbero
por Sergio Beltrán Mayor.

El hombre amaba su arma
como nadie respetó,
las jinetas que llevaba
las merecía el mayor.

Un día nos dijo claro
y con voz de buen varón:
"No soy verdugo del pueblo
porque del pueblo yo soy."

Así volvieron los libros,
diarios y organización,
y por qué no decir también,
un alivio al corazón.

El hombre era generoso,
no se adueñaba del sol,
nos regalaba la playa
y compartía el dolor.

Pero el destino estaba
de parte del dictador
y un día llega la nueva
que trasladan al mayor.

Y de nuevo a los rigores
que Beltrán nos alivió;
se aparece un tal Sánchez
que el demonio rechazó.

Falsche Video?